Nunca hicimos amistades: los aranceles contra Argentina y Brasil

Causas y consecuencias del anuncio de Donald Trump en relación a los socios del Mercosur.

3 de diciembre de 2019 11:12 hs

Mara Ruiz Malec
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@marucha_rm

Martín Schapiro
schapiro@cenital.com  
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A su modo habitual, con un tuit, el presidente estadounidense, Donald Trump, anunció tarifas en las importaciones de acero y aluminio procedentes de la Argentina y Brasil, en un movimiento que dejó a los observadores sudamericanos preguntándose por las motivaciones económicas y geopolíticas de la medida. Un movimiento que puede encontrar explicación en la relación de nuestros países con China, el nuevo gobierno argentino y la soja, además de los argumentos esgrimidos por el propio Trump.

¿Qué significan los aranceles para la Argentina? En los primeros 10 meses del año, exportamos 1.584 millones de dólares de acero, hierro, aluminio y sus manufacturas. No se sabe exactamente cuánta cantidad de cada cosa porque, dada la posición oligopólica de muchas empresas, rige el secreto estadístico (es decir, los datos se muestran todos juntos, y no desagregados por producto). Las exportadoras son empresas muy grandes y de renombre, de capitales locales y extranjeros como Aluar, Ternium, Aceros Zapla y Acindar, del grupo indio Arcelor Mittal. El impacto de la decisión se reflejó en los indicadores bursátiles.

Las exportaciones de estos productos representan el 10% de las exportaciones de manufacturas industriales argentinas. Dentro de estas, el 30% de las exportaciones nacionales de acero, hierro y aluminio tienen como destino a los Estados Unidos. Es decir que lo que Trump está bloqueando representa apenas el 3% de las exportaciones industriales de Argentina. Sin embargo, son importantes a nivel de empresa. En aluminio, Aluar venía incrementando sus ventas a este destino, mientras en el rubro de tubos sin costura se exporta cerca del 60% de la producción, con los Estados Unidos como principal destino.

Para Brasil, la situación es grave a nivel más general. Mientras Argentina representa muy poquito de las compras que hace al exterior Estados Unidos (no aparecemos en los primeros 10 del ranking, aunque tenemos algo de relevancia en el mercado de aluminio), Brasil es mucho más importante, ocupando los primeros lugares de la lista, y estos productos son relevantes en el total de las exportaciones brasileñas. Además, el 42% de sus exportaciones de acero tienen como destino Estados Unidos.

¿Quiénes se benefician con esta suba de aranceles? Festejan Canadá, México, Corea del Sur y Rusia por el lado del acero, y se agrega China cuando sumamos aluminio. Y, claro, también lo hacen los productores locales.

¿Por qué sube Trump los aranceles? Acusa a Argentina y a Brasil de devaluar sus monedas para obtener ventajas injustas. La acusación, en el caso argentino, no tiene gollete. Argentina tuvo una corrida cambiaria que hubiese querido evitar, y que la encuentra inmersa en una seria crisis económica. Aún peor, parte de las causas podrían encontrarse en el programa económico que el gobierno de Trump avaló y fortaleció como principal accionista del Fondo Monetario Internacional.

Al contrario de lo que puede suceder en otros países, donde el Banco Central tiene cierto control sobre el tipo de cambio, Argentina ha perdido control de su moneda. Los errores de diagnóstico no terminan ahí. Argentina tiene inflación elevada. Esto significa que las ganancias que tiene de competitividad cuando sube el dólar se ven compensadas al poco tiempo por la suba de precios internos. En septiembre de 2018, el tipo de cambio real (es decir, tomando en cuenta la evolución de los costos internos de cada país) subió 22% en un mes. Pero para julio de este año, es decir pasados 10 meses, ya había recuperado el valor previo al salto del dólar. Argentina no logra controlar el valor nominal de su moneda respecto al dólar, pero además cuando el dólar sube, no puede ganar competitividad porque la inflación diluye rápidamente el efecto de la devaluación.

En Brasil, si bien la explicación podría resultar más verosímil con el ministro de Economía, Paulo Guedes, saludando la reciente devaluación del Real como ventajosa para la competitividad del país, la percepción de muchos observadores es que la moneda se encontraba algo apreciada respecto del dólar y, tras una primera valoración positiva de la devaluación, el Banco Central de Brasil viene vendiendo reservas para defender el valor de la moneda.

La mención a los productores agrícolas norteamericanos en la red social favorita del presidente permite pensar quizás en el mercado de la soja como el objetivo tras el anuncio arancelario. Argentina, Brasil y los Estados Unidos son los tres mayores productores globales de la oleaginosa, que tiene a China como principal mercado de destino. En el marco de las contramedidas del país asiático frente a las sanciones comerciales estadounidenses, los productores norteamericanos se han visto perjudicados y, aunque parezca económicamente extraño -ya que esta producción resulta poco sensible al tipo de cambio- Trump podría temer perder mercado ante la producción norteamericana.

Considerando que la medida afecta en forma desproporcionada a Brasil respecto de la Argentina, también podría especularse, agregando a lo anterior, que los aranceles constituyen una suerte de castigo dirigido a Brasil tras la última cumbre de los BRICS, donde el gobierno del país vecino se reaproximó a China (su principal socio comercial), con Guedes anunciando que estaba en estudio la celebración de un potencial acuerdo de libre comercio. La inclusión de Argentina podría obedecer, según esa lógica, a una advertencia dirigida al gobierno entrante o a un intento de no dejar expuesto a Jair Bolsonaro, quien se presenta como uno de sus más fieles aliados ideológicos, con una medida dirigida exclusivamente contra su gobierno.

Por último, también es posible que, sin que signifique una represalia, Donald Trump sencillamente haya decidido que no había motivo alguno para mantener un tratamiento especial favorable a Argentina y Brasil. La valoración positiva en relación al crecimiento económico norteamericano desde el establecimiento de aranceles en 2018, que juzgó suficiente incluso para compensar desde el gobierno las pérdidas incurridas por los productores rurales. El presidente estadounidense parece creer, sinceramente, en los aranceles, y en cuanto está a su alcance, intenta que sean cada vez más habituales.

Sean cuales fueren los motivos de la decisión adoptada, si la decisión de Trump funciona como advertencia para el gobierno entrante, lo es en dos sentidos a veces contradictorios. Es posible que ningún gobierno del mundo haya manifestado tanto entusiasmo con el líder norteamericano como el Brasil de Bolsonaro, que acompañó ese entusiasmo discursivo con acciones y gestos concretos. El apaciguamiento, o incluso el seguidismo, es de poca utilidad frente a las definiciones políticas de fondo de un gobierno extranjero.

Por otro lado, el gobierno estadounidense mostró una vez más su disposición a utilizar las condiciones de acceso al mercado estadounidense como herramienta de coerción privilegiada y extendida en su relación con otras naciones, incluso aliadas. Un enfoque que tiene un potencial enorme para hacer daño, particularmente a países vulnerables.

Alberto Fernández deberá calibrar, ante cada coyuntura, objetivos y consecuencias de la política externa, y elegir cuidadosamente puntos de acuerdo y de conflicto para lidiar con un liderazgo poco predecible y no demasiado confiable. Un patrón que se repite de Trump a Bolsonaro.