Adultos responsables

La visita del presidente de la Cámara de Diputados de Brasil es una primera señal en el sentido de una diplomacia reparadora de las tensiones entre el presidente electo argentino y su par brasileño.

Martín Schapiro
6 de diciembre de 2019 13:12 hs
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Diplomacia parlamentaria. Estas dos palabras, en español y en portugués, se repitieron a lo largo de la conferencia de prensa conjunta que brindaron el presidente de la Cámara de Diputados de Argentina, Sergio Massa, y su par brasileño, Rodrigo Maia. Acompañados de presidentes de bloque de la mayoría de los sectores que integran el cuerpo legislativo de ambos países, la visita comenzó a abrir caminos que se mantienen estancados en una relación que es estratégica para ambos países.

Si quisiéramos pensar el lugar de Rodrigo Maia con personajes de la política argentina estaríamos en problemas. Ninguna figura o rol se parece demasiado al suyo, porque en la Cámara de Diputados de Brasil se encuentra, quizás, la institución que más se diferencia de la realidad argentina. Con más de 25 partidos representados en un país en el que, con alguna excepción, los partidos significan poco, el sistema brasileño no permite mayorías legislativas ni siquiera para los presidentes más populares y, a diferencia de Argentina, es imposible gobernar por veto y decreto. En ese contexto, el presidente de la Cámara de Diputados es un gran protagonista de la política. Elegido por sus pares, su rol es el de gran articulador, y cuenta con enormes poderes para favorecer o impedir un trámite legislativo.

Maia es una especie de comodín de la política. Nacido en Chile en 1970 por el exilio de su padre, el ex-alcalde de Río de Janeiro Cesar Maia, es diputado desde 1998 por el DEM, un partido de centro derecha, que es el que puso más ministros en el gabinete de Bolsonaro. Presidente de la Cámara desde la llegada de Michel Temer, se las ingenió para ser un hombre clave para el gobierno sin convertirse él mismo en un bolsonarista. Respetado por la derecha y la izquierda, fue el garante de la reforma previsional que demandaban inversores y grandes empresarios. "No es la reforma del gobierno, es la de la Cámara", declaró Maia, que eliminó del proyecto, a su discreción, los puntos más polémicos enviados por el ejecutivo, como el establecimiento de un sistema de capitalización a imagen del que está vigente en Chile, y le agregó algunos beneficios y protecciones para los trabajadores más pobres.

En la Cámara de Diputados argentina, Maia tomó distancia del presidente brasileño: habló de intereses comunes, preservación de la democracia y de la necesidad de estar unidos. Separados, dijo, seremos instrumentos de las potencias. Prometió, desafiando las competencias constitucionales de ambos países, una relación parlamentaria tan importante como la que tendrán los poderes ejecutivos. Massa, encantado, destacó la composición de ambas delegaciones parlamentarias. Todas las fuerzas políticas de Argentina y Brasil, afirmó, coinciden en que las relaciones son estratégicas y el camino es conjunto.

El Presidente de la Cámara podría ser imaginado como el Bolsonaro con el que Alberto Fernández sueña y que difícilmente tenga. Un dirigente de derecha, comprometido con la institucionalidad democrática y, muy enfáticamente, con la relación bilateral. La conferencia conjunta con Massa no negó ni minimizó diferencias. Mientras el argentino habló de cuidar puestos de trabajo, proteger las industrias y cuestionó el acuerdo con la Unión Europea, Maia habló de apertura comercial, beneficios para el consumidor y recordó a dirigentes y periodistas que el acuerdo con el bloque continental goza de un apoyo abrumador entre las élites económicas y políticas del país vecino. No se trata de negar las diferencias, sino de resolverlas en conjunto y mediante negociaciones. Primero tenemos que acordar entre nosotros, respondió invariablemente Maia cada vez que le consultaron por las divergencias. A su lado, Massa sonreía. El cierre de la conferencia fue con la firma de un acuerdo, y el compromiso de que la Cámara de Diputados de Brasil estará presente en la jura de Alberto Fernández.

Tras el exitoso encuentro con Massa, Maia fue recibido por el presidente electo. Allí también, las declaraciones fueron de refuerzo del compromiso bilateral, y la disposición a encarar y resolver problemas comunes en el marco de un compromiso bilateral estratégico. Desde su cuenta de Twitter Maia elogió a Sergio Massa, y reafirmó que Argentina es el socio más importante que tiene Brasil. Alberto Fernández por su parte le pidió que transmitiera a Bolsonaro su disposición a trabajar juntos en beneficio de ambos países.

En la localidad brasileña de Bento Gonçalves, mientras tanto, se desarrollaba la Cumbre del Mercosur en la que Brasil transfería a Paraguay la presidencia pro-témpore de bloque. Bolsonaro hizo una elegía de Macri y habló de posibles "retrocesos ideológicos" con la próxima administración. Con Rodrigo Maia, Sergio Massa y Alberto Fernández suman un interlocutor de peso a un proceso que deberá incluir a otros actores influyentes comprometidos con la relación, como militares, industriales, y diplomáticos de carrera ante un presidente brasileño, su canciller y su ministro de economía, que hicieron del desprecio calculado de la relación con Argentina una herramienta para alimentar su proyecto político radical de reforma de Brasil.