El Bombero

La presencia del General Mourao, vicepresidente brasileño, para la asunción de Alberto Fernández, permite al gobierno argentino seguir abriendo canales para encauzar la relación bilateral.

Martín Schapiro
10 de diciembre de 2019 11:12 hs
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El último 19 de mayo, el vicepresidente de Brasil, Hamilton Mourao, se embarcaba en una gira de cinco días por China. La relación del gobierno de Jair Bolsonaro, que no había cumplido aún cinco meses desde la asunción, con el país asiático, su primer socio comercial, aparecía en peligro. Bolsonaro había acusado a China de querer "comprar a Brasil" en lugar de "comprarle a Brasil", y había prometido revisar los acuerdos bilaterales.

Tras la campaña presidencial triunfante, en la que tuvo un perfil incluso más radical que Bolsonaro, Mourao marcó distancias respecto de aquella posición y se posicionó como el ala pragmática y moderada frente a las relaciones internacionales brasileñas. Desde el intento de traslado de la embajada brasileña en Israel, de Tel Aviv a Jerusalem, hasta la posibilidad de establecer una base norteamericana en territorio brasileño, China fue apenas el más importante de los asuntos en los que el vicepresidente marcó un límite a la agenda de su presidente durante los primeros seis meses de gobierno. Recibido, en un gesto inusual, por el máximo líder chino a pesar de su condición de vicepresidente, la gira fue un éxito, y algunos meses después, tras la cumbre de los BRICS, el ministro de economía brasileño coqueteaba públicamente con la posibilidad de un acuerdo de libre comercio entre ambas naciones emergentes.

Desde el comienzo de la gestión, Mourão había sido encasillado como el principal vocero del ala militar del gobierno, que acumulaba conflictos con el sector "ideológico" que representaban los hijos del presidente, el canciller y el ideólogo Olavo de Carvalho. Junto al general Santos Cruz, secretario de la presidencia, Augusto Heleno, Ministro Jefe del Gabinete de Seguridad Institucional y el ex-jefe de las fuerzas armadas, el general Vilas Boas, eran vistos como un bloque, capaz de poner límites y custodiar los grandes lineamientos de la estrategia de inserción brasileña. Pasada la mitad del año, sin embargo, el sector parece haber perdido peso y homogeneidad. Santos Cruz fue obligado a renunciar, Vilas Boas pelea contra la Esclerosis Lateral Amiotrófica, Heleno, quizás el general más cercano a Bolsonaro, se alineó mucho más al tono del presidente, y Mourão perdió protagonismo. Ni siquiera reaccionó ante una bravata verbal de las habituales en Bolsonaro, que en una reunión partidaria le dijo al diputado Luiz Felipe Orleans y Braganza, heredero de la dinastía imperial que gobernó Brasil que él debería haber sido su elegido como compañero de fórmula y no "ese Mourao". El vicepresidente apenas señaló que estaba para servir y acompañar al primer mandatario.

La relación con Argentina es apreciada por los militares brasileños. Los acuerdos estratégicos suscritos desde el retorno de la democracia permitieron des securitizar la relación bilateral, y consolidar una zona de paz que convirtió una histórica rivalidad (aunque nunca enemistad) en una de las zonas de paz más consolidadas del mundo. La colaboración en materia nuclear, con inspecciones mutuas entre los países, permite a ambas naciones asegurar su propio desarrollo nuclear pacífico sin ser demasiado exigidos por el resto del mundo a suscribir el protocolo adicional del Tratado de No Proliferación Nuclear, que institucionaliza aún más las desigualdades entre países con armamento atómico y aquellos que no lo tienen. Aún a media voz, apenas en conferencias, Mourão había acompañado la preferencia por Mauricio Macri en las elecciones argentinas, pero también había señalado que era importante cultivar una relación productiva con quien fuera electo.

Tras la visita del presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, que volvió a dar impulso a la relación bilateral y hacía pensar en caminos alternativos para preservarla, Bolsonaro respondió anunciando que no sólo sería el primer presidente brasileño desde el regreso de la democracia en no concurrir a la asunción de su homólogo argentino, sino que tampoco enviaría, como se había previsto, a su ministro de Ciudadanía. La lista de invitados de Alberto, la presencia de bloques de izquierda en la visita de Maia, el discurso presidencial. Las especulaciones se acumulaban sobre una decisión que era un (otro) gesto de desprecio a la relación con Argentina y su gobierno electo, una relación que, en boca del propio presidente brasileño, apenas interesaba por "el intercambio comercial".

Es posible que nunca sepamos los entretelones que llevaron a que, apenas horas antes de la asunción, la delegación brasileña recibiera un upgrade del nivel de embajador al de vicepresidente de la república. Mourao, lejos de la locuacidad de antaño, señaló apenas que era un gesto político de buena voluntad ordenado por el presidente. No cabe aquí presumir la ciclotimia, y de acuerdo a Globo, las presiones de distintos sectores políticos, incluyendo a los propios Maia y Mourao, convencieron a Bolsonaro de modificar sus intenciones en la víspera. Los vaivenes, las declaraciones y hasta el tono y la consideración hacia Argentina hace pensar en una relación extremadamente tensa.

A diferencia de China, donde los sectores extractivos, el agronegocio y los pecuaristas, que forman parte de las bases estructurales del modelo económico pregonado por el ministro Guedes abogan por la fortaleza de la relación, Argentina encuentra sus abogados entre los industriales, particularmente en mercados protegidos, un sector poderoso pero declinante. Los lazos con Brasil tienen una importancia que excede, sin embargo, lo puramente económico. Maia, Mourao, la Federación de Industrias de San Pablo, y un sector militar que garantizó la destitución de Dilma Rousseff y la proscripción de Lula da Silva no son, a priori, interlocutores cómodos para un gobierno progresista. Son, sin embargo, los que existen. Será tarea de Alberto Fernández imitar a Xi Jinping y aprovechar la visita para intentar calzar a Mourao el traje de bombero.