Un muro digital cada vez más alto

La filtración de una directiva de China que anuncia el reemplazo de computadoras y software extranjero en oficinas públicas es una manifestación más de la batalla tecnológica con Estados Unidos.

Juan Elman
11 de diciembre de 2019 10:12 hs
juan@cenital.com  
@juan_elman

Esta semana, en el escenario global, un nuevo capítulo de la guerra fría tecnológica. En este episodio, Beijing contraataca: el Financial Times reveló que China va a reemplazar todas las computadoras y software de origen extranjero para sus dependencias públicas.

La medida forma parte de la iniciativa de Beijing para reducir su dependencia de componentes tecnológicos de Occidente, principalmente de Estados Unidos. Las principales empresas perjudicadas son Microsoft, Dell y HP. Se trata de la primera directiva de esta magnitud que se da a conocer públicamente y se espera que tome tres años: en 2020 se estima que se reemplazará el 30% del equipamiento; en 2021 el 50%; el restante 20% en 2022. La medida ha sido bautizada "3-5-2", en base a los porcentajes objetivos. Entre veinte y treinta millones de equipos serán reemplazados, según un análisis de una consultora china citado por el Financial Times.

¿Por qué es importante?

La noticia filtrada por el medio británico se da en el marco de las negociaciones entre Estados Unidos y China para allanar la primera fase de un acuerdo comercial. Al margen del acuerdo, la maniobra forma parte de la disputa tecnológica entre ambas potencias, que amenaza con generar lo que algunos analistas han rotulado como "desacople", el intento por desentrelazar a las economías de ambos países, algo inédito desde la globalización. El proceso consiste en romper las cadenas de valor que desembocan en la interdependencia.

En el centro de la disputa tecnológica se encuentra 5G, la nueva generación de comunicaciones móviles que China busca liderar a través de su empresa Huawei. Estados Unidos ha vetado a la empresa en territorio doméstico y comenzó una campaña para que el resto de Occidente siga sus pasos. La medida de Beijing ha sido interpretada por algunos analistas como una respuesta a la decisión de Trump en mayo pasado de bloquear la venta de componentes tecnológicos de empresas estadounidenses a Huawei, que se ha profundizado con la decisión de Google, Qualcomm e Intel -corporaciones líder en el mercado- de frizar las relaciones con la empresa china.

Para Esteban Actis, profesor de la Universidad Nacional de Rosario, el momento en el que se da la filtración y el hecho de haya sido un medio británico quien la difundió, habilita interrogantes sobre posibles intenciones. "Hay que preguntarse si se trata de un instrumento de presión en el marco de negociaciones, con el objetivo chino de mostrar los dientes a Estados Unidos con una medida que podría generar daño en sus multinacionales tecnológicas", dice a Cenital.

Cada vez más lejos

Las sanciones de Trump a Huawei en mayo, seguido del boicot de gigantes tecnológicos como Google, supuso un duro golpe tanto para la empresa como para el gobierno chino, ya que una buena parte de la cadena de producción de los dispositivos y otros equipos chinos dependen de los componentes estadounidenses, principalmente de los semiconductores o chips.

El castigo de Trump no se ha materializado de forma total. Hace unas semanas extendió por tercera vez una extensión a las sanciones, en el marco de las negociaciones comerciales. Expirará en febrero del 2020 si no hay avances en ese plano. En Beijing las velas están prendidas para que se teja al menos un principio de acuerdo entre Estados Unidos y China que aleje a Huawei de las sanciones.

Pero este proceso, sumado a la volatilidad de las negociaciones y a la impredecibilidad de Trump, han convencido a buena parte de la dirigencia china de que el país debe acelerar sus esfuerzos para lograr una autonomía total de la tecnología norteamericana. Beijing parece estar mejor preparado para enfrentarlo en materia de hardware, pero sigue rezagado en software y especialmente en lo que refiere a semiconductores, del que es el mayor importador y consumidor mundial, una pieza clave en la producción de dispositivos. Por ahora y en los próximos años, China seguirá dependiendo de componentes estadounidenses.

"En las clases dirigentes y élites de Estados Unidos y China hay sectores que pugnan por un desacople. China, a raíz de los movimientos de Trump, está buscando avanzar en su autonomía", explica Actis. La posición de ambos países ante la disputa -y el hecho de que China no va a cesar en sus ambiciones-, amenaza con profundizar tanto los intentos de Beijing por autonomizarse como los esfuerzos de Trump por debilitar a las empresas chinas.

Los balances que presentó este año Huawei no han registrado de manera cabal las sanciones. Terminará con un aumento en ventas de dispositivos móviles respecto del año pasado y sigue siendo la empresa mejor posicionada en 5G, con cada vez más contratos, una competencia contra empresas europeas. Trump, ante la carencia de una empresa estadounidense con capacidades similares a las de Huawei, que aparece en casi todas las fases de la construcción de la red 5G, ha optado por ayudar a desarrollar a las empresas europeas mientras intensifica su presión para que otros países veten a la empresa china. Por ahora, la gran mayoría de países del mundo, inclusive Europa, se han negado, pese a que algunos han endurecido las condiciones de provisión de equipamiento.

Pero lo peor no parece haber llegado para Huawei. La decisión de Google de bloquear a la empresa de su sistema operativo le está trayendo problemas para sus nuevas líneas de dispositivos móviles, que hace tiempo vienen ganando terreno en el mercado occidental. Esto, sumado a la campaña de desprestigio global liderada por Trump, preocupa a la empresa de cara a los próximos años.

China sabe que sus ambiciones están en la mira por parte de Estados Unidos y su clase dirigente, y ningún acuerdo comercial podrá alejarlo. Para cumplir sus ambiciones, sabe que debe ganar autonomía. Si la medida de esta semana tiene efectos en la negociación o si es simplemente un estadío más de la disputa es algo que está por verse. Que es un síntoma de la batalla entre ambas potencias nadie lo niega.


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