Evo en Argentina: abrir su Puerta de Hierro

Con su llegada a Buenos Aires, Morales aspira a conducir su partido, y la política boliviana, desde un exilio cercano.

Martín Schapiro
13 de diciembre de 2019 14:12 hs
schapiro@cenital.com  
@MartinSchapiro_

El jueves por la mañana, y tras un procedimiento realizado con absoluta reserva, Evo Morales llegó a la Argentina para establecerse en el país en calidad de refugiado, por lo que es esperable que permanezca aquí mientras considere que no tiene garantías suficientes para regresar a su país. Procedente de México y acompañado por quienes fueran su vicepresidente, su ministra de salud, y el embajador ante la OEA, la llegada se produce tras confirmarse que Bolivia irá a elecciones en 2020 y que, en esos comicios, el MAS presentará candidatos.

El Jefe de Gabinete, Santiago Cafiero le dio la bienvenida a través de Twitter, saludando que el ex presidente pueda reunirse con su familia, ya que sus dos hijos se encuentran aquí desde que un golpe cívico policial, con apoyo militar, obligó a la salida de Morales y colocara a la senadora Jeanine Añez a cargo de un gobierno interino que no fue ratificado por el Congreso. Difícilmente, sin embargo, los motivos del presidente depuesto se relacionen con la cercanía a sus afectos. El movimiento entre Argentina y Bolivia, por cercanía geográfica, por el peso de la comunidad boliviana radicada en el país, y por intensidad de la relación económica, política y cultural, facilita muchísimo la actividad política ante un escenario que en su país aparece adverso al espacio del que se mantiene, por lejos, como la mayor referencia.

La aprehensión del gobierno argentino es comprensible. La llegada de Morales trajo cuestionamientos desde los Estados Unidos. Michael Kozak, el funcionario enviado por el gobierno norteamericano para la asunción de Alberto Fernández, eligió las redes para respaldar las acusaciones de fraude contra el boliviano, en tanto Mauricio Claver-Carone, el otro emisario del gobierno estadounidense, que se retiró antes de la asunción del presidente, había citado la posible acogida de Morales entre los motivos. Desde la oposición se hicieron eco de ese posicionamiento, y dos de las figuras más vinculadas al norte eligieron las redes para sumarse a la impugnación. La ex titular de la oficina anticorrupción, Laura Alonso, comparó a Morales con los jerarcas nazis que llegaron clandestinamente durante el primer peronismo, en tanto el ex-senador Miguel Pichetto, reciente impulsor de un trumpismo local, opinó que su llegada no colabora con los intereses del país. Frente a los cuestionamientos, el gobierno optó por no confrontar y priorizar posiciones pragmáticas. El Ministro de Relaciones Exteriores, Felipe Solá, destacó que el gobierno, en cumplimiento de su voluntad política y de sus obligaciones internacionales, daba refugio a Morales, pero que esperaban que su presencia no genere inconvenientes para la Argentina. Dijo que existía un acuerdo para que no realice declaraciones políticas durante su estancia en el país.

De cumplir con lo anunciado por Solá, la actuación de Evo Morales tendría un carácter muy distinto a la que caracterizó su paso por México, donde tanto él como Álvaro García Linera estuvieron muy activos concediendo entrevistas, dando conferencias de prensa y participando de actividades públicas de protesta contra el golpe de Estado y defensa de su gestión. En el último congreso del Movimiento Al Socialismo, celebrado tras el llamado a elecciones, se aprobó por aclamación la designación de Evo Morales como jefe de campaña del que fuera, durante casi quince años, oficialismo boliviano.

La situación de ese espacio político, sin embargo, está lejos del consenso. El mismo día en que Evo llegó a Buenos Aires, la presidenta masista del Senado, Eva Copa, tuvo un fuerte contrapunto con su predecesora, Adriana Salvatierra, también del MAS, a la que acusó de radical, al tiempo que recordó un escándalo de corrupción que afectó a su padre, Hugo Salvatierra, quien debió salir del gobierno acusado de haber vendido tractores destinados a campesinos. Al contrapunto abierto entre sectores dialoguistas y opositores, se suma a la inexistencia de un candidato que pueda ocupar el lugar unificador que tenía Morales. Si en un principio se había hablado de una fórmula entre el segundo de Morales en la confederación de campesinos cocaleros Andrónico Rodríguez y la propia Salvatierra, con un carácter contestatario, hoy cobra fuerza la idea de una candidatura del ex-ministro de economía, Luis Arce Catacora, a quien se atribuyen buena parte de los logros económicos obtenidos por Bolivia durante los gobiernos de Morales, en lo que sería una fórmula más moderada y orientada a unificar el espacio.

En cualquier caso, tal como lo admitió el canciller argentino, Evo Morales tendrá un enorme protagonismo en las negociaciones de candidaturas, como lo demuestra el hecho de que hayan viajado, junto con él, sus dirigentes de mayor confianza. Es posible que pronto Buenos Aires se convierta en lugar de peregrinaje para dirigentes bolivianos, y que, cerca de su patria, sea el propio Evo el que dirima las internas de su partido. Imposibilitado de concurrir por la presidencia, resta por saber si Evo Morales mantendrá el compromiso de abstenerse de realizar declaraciones y actividades políticas públicas en la Argentina. Como principal referente del MAS, su voz sería un fuerte impulso para quien resulte candidato, algo reconocido por el partido al designarlo jefe de campaña. La alternativa de imitar a Lula, quien no pudo hacer declaraciones en favor de Fernando Haddad por encontrarse detenido, parece difícil de creer para alguien que apenas se comprometió verbalmente a abstenerse de algo que la legislación no le impide. El gobierno argentino, que se opuso con vehemencia a reconocer legitimidad alguna a la senadora a cargo de la presidencia de Bolivia, difícilmente vaya a protestar alguna falta. Todo indica que, en Buenos Aires, Evo Morales tendrá una cercana Puerta de Hierro.