¿Qué puede pasar con la inflación en 2020?

El INDEC dio a conocer la cifra de noviembre, que fue del 4,3% en relación al mes anterior, mientras que la comparación interanual fue del 52,1%.

Los principales aumentos se dieron en los rubros Telefonía e Internet (7,4%), Medicamentos y Prepagas (6,3%), y en Alimentos y Bebidas no Alcohólicas (fundamentalmente en carnes y en frutas, esto último por motivos estacionales) que fue del 5,3%.

Lo de los medicamentos requiere una mención aparte, ya que sistemáticamente vienen subiendo por encima del promedio de los precios. La comparación interanual de noviembre arroja aumentos entre el 83 y 97%, según la región. Es probable que por este motivo los principales laboratorios se hayan ofrecido "voluntariamente" a reducir los precios hasta un 9%.

Según el último Relevamiento de las Expectativas del Mercado (REM) que elabora el Banco Central, la inflación de diciembre se ubicaría en torno al 4,3%, dando como resultado una inflación promedio del 53,6% para el 2019. Esto implica una suba de casi 20 puntos porcentuales respecto del año anterior (34,3%).

De este modo, la gestión de Cambiemos entrega el gobierno con el doble de inflación que recibió, que había sido del 26,5% para el 2015 según el IPC de la Ciudad de Buenos Aires (debido a la manipulación del INDEC durante el kirchnerismo, no hay datos estrictamente comparables; sin embargo, como se puede ver en el gráfico a continuación, la evolución del IPC CABA sigue muy de cerca a la del INDEC actual, haciendo factible su comparación).

Inflación anual (%) para el período 2015-2019


Fuente: INDEC y Estadísticas de la Ciudad de Buenos Aires.

Inflación alta, problema enorme

Una inflación que actualmente se ubica por encima del 50% es un gran problema para el gobierno entrante, por diversos motivos. En primer lugar, un efecto estadístico. Como vimos, la comparación más usual para medir la inflación es la medición interanual (esto es por convención, ya que la mayoría de las variables se expresan con esa frecuencia y eso hace más sencilla su comparación, por ejemplo las tasas de interés, aumentos de salarios, alquileres). El problema "estadístico" que tiene cualquier medición que compara valores crecientes en el tiempo es que cuánto más alta sea la inflación actual, mayor va a ser el piso de la misma de cara a los meses siguientes, incluso si los precios no aumentan. Esto es lo que se conoce como el efecto "arrastre".

Aunque no lo parezca, esto es un punto sumamente importante para entender que no es posible bajar la inflación rápidamente de un año al otro. Pongamos un ejemplo sencillo pero a la vez aplicado a la realidad argentina para que se entienda bien. En el cuadro de la izquierda figura la inflación real publicada por el INDEC para todos los meses de 2019. Como pueden ver, la variación interanual surge de comparar ese valor respecto del mismo mes del año anterior, mientras que el promedio es la comparación en relación al promedio del año anterior.

Ahora, supongamos algo literalmente imposible: que los precios en Argentina no aumenten en todo el año 2020 (fíjense que, a la derecha, el valor índice se mantiene fijo durante todos los meses). ¿Qué es lo que sucede con la inflación interanual? No será tan mágico como los goles de Leo, pero tiene lo suyo. La inflación cae, pero se mantiene en niveles positivos hasta que finalmente en diciembre se vuelve cero (que es cuando se alcanza el mismo valor índice respecto de 2019). Y, lo más importante, es que aún si se lograra algo tan absurdo como esto, la inflación promedio del año sería del 22,4%.


El ejemplo anterior sirve para dimensionar el problema pero también para entender que su solución requiere, además de pericia, tiempo. Ahora bien, el hecho de que sea un proceso lento es, a la vez, otro desafío; porque para que la inflación baje se necesita un nivel de coordinación muy fino entre las dos principales variables que afectan el nivel de los precios: el tipo de cambio y los salarios (noten que aquí no entra directamente la "emisión" de dinero, aunque por motivos de extensión esa discusión quedará para otra nota).

Para el caso de los salarios, la complejidad está en la discusión en torno a la paritaria del año próximo. Piensen en un trabajador que viene de perder, digamos, un 10% de su poder adquisitivo durante 2019. ¿Cuánto debería pedir de aumento? Primero que nada, sabemos que tiene un piso de 10 puntos (para recuperar lo perdido). A eso se le debería sumar la inflación que espera que tenga lugar durante todo 2020. ¿Cuánto cree que será eso? Si basa su expectativa en la inflación actual, debería pedir alrededor de 60% de aumento salarial. Por otro lado, si cree que el gobierno va a lograr reducir la inflación, pediría menos en función de esa expectativa.

Ahora bien, evidentemente aquí ya hay un potencial problema de coordinación, dado que si se supone que el aumento de los salarios lleva a que las empresas suban los precios (por las subas en los costos), entonces resulta muy difícil de lograr la recuperación del poder adquisitivo de los trabajadores simultáneamente con un proceso de desinflación. Para que esto suceda, la clave es el aumento de la producción (técnicamente, de la productividad). Si las empresas producen (y venden) más, entonces no deberían tener reparos para otorgar salarios más altos (porque el aumento del costo por unidad salarial se compensa con la mayor producción). Por eso es tan importante retomar la senda del crecimiento.

¿Y el dólar?

Pero el desafío no termina acá. El otro factor que puede desestabilizar el proceso de reducción de los precios es el tipo de cambio. Esta variable depende de la cantidad de dólares que demanda la economía (para importar insumos del extranjero, pagar deuda previamente contraída en esa moneda, para el ahorro de una parte de la población, entre otras) en relación a los dólares que genera (fundamentalmente a través de sus exportaciones). Si se demandan más dólares de los que se generan, el valor del tipo de cambio tiende a subir (impactando en los precios); y viceversa.

La dificultad en este caso radica en que si el Banco Central busca mantener estable el tipo de cambio para reducir la inflación, eso llevaría a lo que se conoce como una apreciación real del tipo de cambio. Es decir, nuestra moneda sube (junto con el aumento de los precios) y entonces se revaloriza frente al dólar. Como vimos, la inflación tarda cierta cantidad de tiempo en comenzar a bajar y ahí es donde aparece el problema. Porque la apreciación real del tipo de cambio (o sea, el abaratamiento del dólar) lleva a que aumente la demanda para productos importados y la capacidad de ahorro en esa moneda, y por ende eso impulsa al alza la cotización del dólar, poniendo presión a los precios. Con lo cual, no es una estrategia viable que sea sostenible en el tiempo, salvo que las exportaciones crezcan en simultáneo, compensando la mayor demanda de dólares.

La otra posibilidad para evitar el salto cambiario es que el tipo de cambio crezca en línea con el aumento de los precios y evite de esa manera la apreciación. Pero justamente acá aparece la dificultad, dado que es muy complicado para el Banco Central encontrar la combinación justa para que el tipo de cambio se mueva con los precios, ya que el incremento de éste provoca subas (a través de los costos en insumos importados). Es el famoso perro tratando de morderse la cola.

Por último, tratemos de imaginar qué sucedería si juntamos las tres variables al mismo tiempo (precios, salarios y tipo de cambio). La elevada inflación previa lleva al aumento de salarios que hace que las empresas suban los precios, ante eso el Banco Central trata de frenarla "anclando" el tipo de cambio, que empieza a apreciarse y luego termina incrementándose de manera abrupta, subiendo los precios que luego llevarán a que los trabajadores pidan aumentos de salarios. Y así, sucesivamente. Suena familiar, ¿no?

¿Cómo se sale de esta encrucijada? Digamos que si tuviese la respuesta, probablemente no estaría escribiendo estas líneas. Pero del análisis anterior se desprende que el objetivo del gobierno junto con el Banco Central es tratar de coordinar esas tres variables por un tiempo suficiente que haga que vayan bajando paulatinamente.