Estados Unidos y China: un acuerdo inestable

Las potencias anunciaron un entendimiento parcial que suspende las últimas medidas de la guerra comercial en que se encuentran desde la llegada de Trump a la presidencia.


17 de diciembre de 2019 15:12 hs

Tras anuncios, reveses y marchas atrás , Estados Unidos y China anunciaron un nuevo acuerdo parcial. Si bien la negociación genera expectativas, no es sinónimo de final de la guerra comercial y, luego de un año y medio de imposición de aranceles y escaladas de tensión constante, ambas partes buscan concretar la primera fase de una negociación que de un respiro a las diferencias comerciales que mantienen.

Acuerdo

Basados en un documento de 86 páginas, los gobiernos de China y Estados Unidos dieron a conocer el pasado viernes un preacuerdo para avanzar en una primera fase de negociaciones destinadas a destrabar la guerra comercial.

¿Qué se propuso? A través del acuerdo, el gobierno chino se compromete a comprar más productos agrícolas como soja y carne de cerdo (el sector rural se vio afectado por la guerra comercial con el gobierno de Xi Jinping) a cambio de una reducción de los aranceles en los productos que el gobierno norteamericano compra al país asiático. También incluye temas relacionados a las transferencias tecnológicas, y el mercado de divisas, entre otros, donde Estados Unidos espera mitigar las excesivas condiciones que, a su juicio, el gobierno chino impone a los capitales estadounidenses.

Dos días después del anuncio del viernes, el gobierno chino informó que suspendía aranceles a productos norteamericanos como maíz, autos y autopartes producidos en Estados Unidos. También se suspendieron los impuestos a mercancías electrónicas y juguetes que se aplicarían a partir del 15 de diciembre sobre unos 160 mil millones de dólares de exportaciones.

El negociador comercial por los Estados Unidos, Robert Lighthizer, celebró el acuerdo de la primera fase, pero advirtió que aún quedan temas por resolver. Todavía ni siquiera está pautada la fecha de la firma oficial del convenio.

Una guerra interminable

Los gobiernos de Donald Trump y Xi Jinping se mantienen abiertamente enfrentados luego de la imposición de aranceles por parte de Estados Unidos a China en marzo de 2018, y la posterior respuesta de parte del país asiático.

Durante este año y medio, las ruedas de negociaciones para avanzar en una posible salida a la guerra comercial, que afecta la economía de ambos países y, por su tamaño, al resto del mundo, se caracterizaron por treguas, sucedidas por retrocesos, que terminaron en creación de aranceles y represalias económicas.

Incentivos domésticos

Donald Trump, principal proponente del enfrentamiento, se encuentra en una situación particular. Por un lado, está en campaña para las elecciones presidenciales de 2020. Por otro, corre el riesgo de enfrentar un juicio político. Esta semana la Cámara de Representantes decidirá si acusa a Trump en un proceso de juicio político que se resolverá en el Senado. Aunque se descuenta que la Cámara Alta no avanzará en una destitución, el presidente corre el riesgo de enfrentar un fuerte desgaste político en medio de la campaña.

La primera fase de negociación podría dar aire a los trabajadores y empresas norteamericanas que sufrieron las consecuencias de esta guerra comercial, colaborando con la imagen exterior del presidente. Sin embargo, dadas las idas y vueltas que tuvieron hasta ahora las negociaciones, nada asegura que la relación bilateral vaya a mejorar de forma permanente.

Tus enemigos son mis aliados

La negociación encuentra interlocutores y alineamientos inesperados. Aún en el contexto del enfrentamiento, Trump no ha escatimado en críticas hacia Europa, histórico aliado norteamericano, tal como quedó reflejado en sus cuestionamientos a la OTAN, donde amenazó con salir del Tratado si sus aliados no aumentan el presupuesto de defensa. Otro ejemplo sucedió ante la victoria de Boris Johnson en el Reino Unido y el anuncio del Brexit, que el republicano festejó prometiendo mejores condiciones comerciales bilaterales al Reino Unido, en desmedro de sus socios europeos.

A la par, China busca tener un mayor peso comercial en Europa mediante el proyecto de la franja y la ruta. Ayer mismo, en medio del anuncio del primer paso del acuerdo con

Estados Unidos, el Consejero de Estado y Ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, aseguró desde Bruselas: "Consideramos a Europa un importante socio de cooperación y una prioridad en nuestra agenda diplomática. Creemos que Europa es un importante polo en este mundo multipolar, y una Europa próspera y estable contribuye al desarrollo y progreso de la humanidad".

Las perspectivas, a pesar del acuerdo, son de inestabilidad, ya que, más allá de las relaciones entre los gobernantes, ambos están inscritos en una competencia por el dominio tecnológico y comercial en la que el relativo declive norteamericano en los últimos años, y el ascenso chino, hacen que el final sea incierto y el desarrollo tienda al conflicto.

Mientras el gobierno asiático busca mejorar la situación comercial con Estados Unidos, continúa con la búsqueda de nuevo mercados, algo que, de concretarse como lo desea China, podría darle algún respiro en el conflicto con el país norteamericano, que deberá cambiar su aproximación a sus aliados históricos, si espera evitarse grandes dolores de cabeza.