Venezuela: el país de las instituciones que se bifurcan

A la disfunción del país caribeño, con dos Presidentes de la República con distintos reconocimientos internacionales, se le suma a partir de hoy dos titulares de la Asamblea Nacional.

Martín Schapiro
6 de enero de 2020 13:01 hs
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La realidad venezolana sigue sumando elementos de asombro, tras la renovación de autoridades del Poder Legislativo, cuyo funcionamiento, de todas maneras, se encontraba paralizado desde que un fallo judicial la declarara en desacato poco después de ser elegida. El lunes posterior a las votaciones tenemos dos presidentes, pocos datos y muchísima incertidumbre. En un país en el que la realidad está tamizada no ya por distintas interpretaciones de los hechos, sino por distintas versiones de estos, hay que separar lo que se sabe, lo que no se sabe, y lo que se puede especular de cara al futuro del país.

Esto es lo que sabemos

La Asamblea Nacional, el órgano legislativo unicameral venezolano, debía renovar sus autoridades al cumplirse el mandato de Juan Guaido como presidente de la Asamblea. Guaidó, que pretendía la reelección, llegaba con grandes cuestionamientos en el seno de la oposición, donde desde diversos sectores se impulsaba un diálogo con el oficialismo para la normalización institucional del país, y se reprochaba a Guaidó su intento reeleccionista, frente a un acuerdo de rotación que le había garantizado a él mismo su consagración como presidente y su proclamación como presidente encargado.

La elección de autoridades estuvo plagada de situaciones inusuales. Se dio en medio de un despliegue inédito de la Guardia Nacional Bolivariana, que determinaba quién podía ingresar y quién no al edificio de la Asamblea Nacional. Si la imagen que recorrió el mundo, de Guaido intentando ingresar al recinto saltando una reja e impedido por los escudos policiales, algo que se repitió con imágenes de otros legisladores, dio verosimilitud a la denuncia de que se le impidió el ingreso por la fuerza, hay al menos un video en que se muestra que el ingreso de Guaido era posible, y que el presidente de la Asamblea rechazaba ingresar si no se les permitía hacerlo a dos diputados inhabilitados por la justicia. No es controvertido que estos diputados fueron impedidos por la fuerza de ingresar a la Asamblea.

Lejos de ser un detalle, la situación de estos diputados marcó el período legislativo que finalizará este año. Su inhabilitación judicial por el Tribunal Superior de Justicia, alineado al chavismo, privó a la oposición de la mayoría de dos tercios que le hubiera permitido hacer modificaciones constitucionales. La Asamblea desconoció las inhabilitaciones, lo que a su vez motivó a que el mismo tribunal la declarara en desacato, en lo que constituyó un virtual cierre del Congreso por parte del chavismo, aunque la Asamblea siguió funcionando, ya sin facultades.

La elección de autoridades prevista para ayer es importante porque determinará la agenda del período antes de las elecciones legislativas previstas para el 6 de diciembre de este año. En cuanto a la facultad de legislar, en los hechos, seguirá en manos de la Asamblea Nacional Constituyente, elegida tras la convocatoria unilateral por el ejecutivo, sin participación de la oposición, y que a la fecha no redactó ni un solo artículo de una nueva constitución pero que usurpó las funciones ordinarias del Poder Legislativo y se arrogó la facultad de levantar las inmunidades parlamentarias. A partir de esta acción, diversos diputados opositores fueron procesados, alguno detenido, mientras otros debieron abandonar el país para evitar ser detenidos.

¿Cúal es el estado de situación?

Ayer hubo dos asambleas de elección de autoridades. Una, en el Palacio Legislativo. Otra en la sede del diario El Nacional. Ambas dicen haber tenido quórum para sesionar. Mientras Luis Parra, elegido en el palacio, dice haber obtenido ochenta y un votos, Juan Guaido dice haber sido reelecto con cien votos en la sede del medio periodístico. La suma de diputados en la Asamblea Nacional, incluyendo los inhabilitados, es de ciento sesenta y siete. Los números no cierran.

Desde el chavismo y las nuevas autoridades se asegura que la Asamblea sesionó en el Palacio con ciento cuarenta diputados, más del ochenta por ciento del total, y que los elegidos muestran voces diferenciadas que dan cuenta del quiebre del espacio opositor, que mostraron como el dato de la jornada, ante una nueva mesa directiva en la que no hay un sólo integrante del partido de Maduro, el Partido Socialista Unificado de Venezuela.

Luis Parra no es un rostro prominente en las filas opositoras. Sólo se hizo conocido por las denuncias de corrupción en su contra, por haber supuestamente intercedido en favor de empresarios sancionados en el extranjero por sus vínculos con el gobierno venezolana, lo que le valió a finales del año pasado la expulsión de Primero Justicia, el espacio que conduce el ex candidato presidencial Henrique Capriles. Ni Parra ni las nuevas autoridades proclamadas en el Palacio son parte del espacio opositor que venía negociando con el oficialista PSUV una salida consensuada al deterioro institucional que vive Venezuela. La votación en el Palacio no fue nominal, pero es difícil adivinar de qué manera podría el candidato Parra haber alcanzado los ochenta y un votos con los que dice haber contado.

Juan Guaido llegaba a la elección desgastado. El fracaso de todos sus intentos por destituir a Maduro, la posición intransigente y de total alineamiento con Washington y algunas acusaciones de corrupción lo habían dejado expuesto al cuestionamiento de diversos sectores opositores, que esperaban además que se apartara en cumplimiento de los acuerdos de alternancia en la presidencia de la Asamblea Nacional, que hubiera significado la pérdida de su lugar como "presidente encargado". Dice haber sesionado en la sede del diario El Nacional ante la presencia de cien diputados, que lo habrían reeligido como presidente de la Asamblea Nacional por un nuevo período, aunque la votación se habría producido con presencia de diputados inhabilitados, algunos suplentes y otros que están en el exterior debido a las persecuciones.

Hasta el momento, ningún sector presentó listas del quórum con el que habrían sido elegidos, y probablemente ambos relatos se compongan de medias verdades que serán llevadas a la arena pública para que, en una sociedad hastiada y agrietada, sencillamente confirmen prejuicios anteriores. La toma de distancia de los sectores dialoguistas de la oposición respecto de Parra hace pensar que de estas nuevas circunstancias difícilmente vaya a crecer un tercer sector que intente mediaciones, y que este nuevo quiebre institucional no traerá más que prolongación de las incertidumbres ya existentes.

¿Qué hay que seguir?

Para el gobierno de Maduro, la escena de ayer es costosa en términos internacionales, aunque puede beneficiarlo a nivel interno. Ninguno de los países que reconocía a Juan Guaido cambió su postura ayer, y tanto el Grupo de Lima, como Estados Unidos y la Unión Europea ratificaron ese reconocimiento. La novedad fueron los comunicados de los gobiernos argentino y mexicano, que exigieron una elección de autoridades legislativas de acuerdo a los procedimientos constitucionales, en lo que representó un cuestionamiento cuidadoso pero contundente.

Asumidos esos costos, sin embargo, la imagen de inefectividad de Guaido y la oposición, los cruces entre personajes al menos nominalmente opositores y las fracturas expuestas en el antichavismo permiten al PSUV y al propio Maduro presentarse como lo conocido frente al salto al vacío propuesto por sus rivales. Un escenario que deviene más probable si se consolidan los datos que indican una relativa estabilización económica tras varios años de brutal caída del producto. Si bien la situación del país es crítica, la dolarización parcial de facto de economía venezolana trajo una reducción de la inflación y nuevos focos de consumo que podrían traer un impulso paradójico que el propio Maduro abrazó en un discurso reciente.

Por lo demás, el reciente aumento de la represión, y la apuesta audaz que implicó favorecer la elección de un personaje controvertido como Parra como presidente de la Asamblea no deberían ser leídos como fines en sí mismos. Maduro y su espacio buscan obligar a la oposición a tomar posturas reactivas en las que difícilmente acuerdos. De coronar la misma estrategia que le permitió ganar las últimas elecciones presidenciales, frente a una oposición dividida que no logró acordar siquiera si presentarse o no, le permitiría, con toda seguridad, hacerse del control de la Asamblea Legislativa, recuperando la totalidad de los resortes institucionales de un país que ya abandonaron más de cuatro millones de personas.