El Banco Central regulará las billeteras virtuales. A Mercado Libre no le gusta esto.

La autoridad monetaria emitió una norma para reglamentar a las Fintech. Qué son y cómo impacta la medida.

¿Qué pasó?

El jueves pasado el nuevo directorio del Banco Central de la República Argentina (BCRA) emitió una norma que establece que las billeteras electrónicas deberán depositar el 100% de los saldos de sus clientes en cuentas a la vista en entidades bancarias y que los mismos deberán estar disponibles inmediatamente por un valor al menos igual al depositado. Esto significa un cambio sustancial para el modelo de negocio de este tipo de empresas, que habían sido beneficiadas por la falta de regulación durante la anterior administración.

Aun así, la medida resultó menos rigurosa de lo que se suponía, según los trascendidos de prensa previo a su publicación. Entre las especulaciones se incluían mayores exigencias, como la prohibición de transferencias entre billeteras virtuales de personas jurídicas o la limitación al otorgamiento de créditos por medios electrónicos. Es de esperar que algunas de estas cuestiones sean tratadas por el BCRA en futuras disposiciones, en sintonía con la tendencia internacional a regular al denominado sector fintech.

Fintech y billeteras virtuales, ¿son lo mismo?

El universo fintech conforma un amplio espectro de actividades que incluyen servicios de apoyo a la actividad financiera (análisis y procesamiento de datos, desarrollo de aplicaciones, protocolos e infraestructura informática, entre otras) y servicios típicos de las entidades bancarias, como la realización de pagos. Entre todas ellas, la norma del BCRA sólo abarca a un tipo de empresas: los proveedores de servicios de pago, generalmente conocidas como billeteras virtuales.

Las billeteras virtuales son cuentas en las cuales se pueden recibir cobros, realizar depósitos o efectuar pagos a terceros. Hasta ahora este tipo de aplicaciones habían crecido sin una regulación que protegiera a sus clientes y las empresas no tenían que responder por los saldos acreditados más que con su propia reputación. Si una persona usuaria del sistema bancario mantiene un saldo en su caja de ahorro, el banco tiene que inmovilizar un encaje del 45% o 20% (según la entidad) y el remanente puede ser utilizado para otorgar préstamos a otros clientes o cualquier otra operatoria que le genere rentabilidad. A su vez, ese banco comercial está sometido a exigentes requerimientos de capital para mantener una relación sustentable entre sus activos y pasivos, lo cual preserva la estabilidad del negocio.

Estas medidas son del tipo prudencial, para cuidar a las personas ahorristas en caso de que los bancos tomen posiciones muy riesgosas con su dinero. Tomemos el ejemplo más sencillo. Imaginemos un banco que tiene $1.000 tras recibir el depósito de un cliente. Luego utiliza ese dinero para prestárselo a otro cliente -cobrándole un interés, de ahí su rentabilidad-. Si éste no puede pagarlo, el banco no cuenta con el saldo suficiente para devolverle la plata al depositante, en caso de que quiera retirar su dinero.

En cambio, las billeteras virtuales no tenían ninguna exigencia antes de esta regulación y podían depositar el 100% de los saldos de sus clientes en inversiones, si ellos así lo disponían. El año pasado el sistema tuvo su primer simulacro de incendio, cuando el reperfilamiento de títulos públicos redujo el patrimonio de los Fondos Comunes de Inversión (FCI) y los usuarios de la principal billetera virtual del país, Mercado Pago, vieron que sus saldos a la vista habían disminuido (porque, justamente, habían sido invertidos en dichos fondos).

¿Por qué es importante la regulación de las fintech?

Si bien formalmente los sistemas de pago conforman una rama particular de las fintech separada de los demás tipos de empresas, detrás del marco regulatorio puede haber conexiones entre ambas rutas. Si bien las billeteras virtuales no pueden otorgar créditos directamente, al no estar reguladas tenían la posibilidad de invertir en FCI o en fideicomisos que no tenían impedido financiar a otras firmas que sí lo hacían.

Al mismo tiempo, mientras que los bancos tienen que inmovilizar parte de sus depósitos bajo la forma de encajes en el Banco Central, las billeteras virtuales estaban exentas de esta obligación, por lo cual el uso de esos fondos para otorgar créditos tendría un costo promedio de fondeo menor al de un banco. De esta manera, la desregulación de encajes de billeteras favorecía el crecimiento de una actividad con riesgos para la estabilidad financiera, dado que las fintech no tienen acceso directo al financiamiento del Banco Central para hacer frente a una crisis de liquidez.

Sumado al eso, el marco fiscal constituía otro incentivo para promover el uso de estas plataformas. Las billeteras virtuales no están alcanzadas por el denominado Impuesto al Cheque si no realizan movimientos contra una cuenta bancaria y, hasta el año pasado, tampoco estaba perfeccionado el régimen de percepción de ingresos brutos. El esquema regulatorio y fiscal generaba grandes ventajas comparativas en favor de las fintech y en detrimento de los bancos, lo cual motivó a que los propios bancos desarrollaran billeteras virtuales para no perder su porción de depósitos transaccionales.

Por ese motivo, el panorama de las billeteras virtuales en la Argentina encuentra a varias proveedoras de servicios vinculadas al negocio bancario. En estos casos, son empresas que no utilizan directamente los saldos de sus clientes en operaciones para generar rentabilidad. Si bien aquí no hay una preocupación inmediata para la política monetaria, se requiere de mayores obligaciones para la protección de los fondos.

Como antecedente, la billetera virtual Todo Pago (una de las más conocidas) fue utilizada como vehículo para una estafa sumamente sencilla, justamente por la falta de control en la verificación de identidad. La clienta damnificada recuperó el dinero rápidamente, debido a la pérdida de reputación que la empresa habría pagado de no haber sido así. Sin embargo, es evidente que la responsabilidad de estas plataformas de pago no puede limitarse a su buena voluntad. A partir de la nueva norma del BCRA, las billeteras virtuales y sus directivos podrán ser objeto de multas o inhabilitaciones.

Este tipo de riesgos muestra los claroscuros del desarrollo fintech. Por una parte, se trata de empresas que pueden innovar con mayor facilidad que las entidades bancarias para ­aplicación de tecnologías informáticas a los servicios financieros. Esto acerca a los usuarios del sistema financiero a aplicaciones más eficientes para gestionar sus necesidades de pagos, créditos e inversiones. Por otra parte, si el sector crece sin estar contenido por una regulación adecuada, su desarrollo puede ser problemático y resultar en riesgos no solo para las personas usuarias sino para la propia estabilidad del sistema financiero.

¿Cómo es en el resto del mundo?

Según estadísticas del Banco de Pagos Internacionales (lo que sería el Banco Central de los Banco Centrales), entre 2013 y 2016, el crédito fintech pasó de USD 5.500 millones a USD 240.000 millones en China y de USD 3.800 millones a USD 32.400 millones en Estados Unidos. La breve pero vertiginosa historia de las fintech muestra casos que ameritan la regulación. En 2015, la plataforma de créditos sueca TrustBuddy fue a la quiebra luego de una expansión bajo la promesa de altos retornos y liquidez casi inmediata para sus depositantes. A fines de ese mismo año, la fintech china Ezubao también entró en bancarrota defraudando a 900.000 clientes por más de 7.600 millones de dólares de depósitos.

El acelerado crecimiento de empresas que realizan intermediación financiera sin estar reguladas como bancos ha motivado una tendencia mundial a generar normas específicas, con el objetivo de evitar no sólo el potencial fraude a sus clientes, sino también la acumulación de riesgos, los cuales pueden alcanzar carácter sistémico (cuando la quiebra de uno provoca la quiebra de otro y así sucesivamente). En Alemania, Holanda, Hong Kong y Singapur, las fintech que dan créditos son reguladas de manera similar a los bancos. En Australia requieren una licencia específica. En Suiza también y la licencia los limita a una escala baja de actividades. En Francia, España y Gran Bretaña también se otorgan licencias bajo requisitos de capital y de administración de liquidez, entre otras previsiones.

¿Qué había pasado en Argentina hasta ahora?

Durante la gestión de Sturzenegger al frente del BCRA se definió excluir a las fintech de la Ley de Entidades Financieras. El esquema no sufrió modificaciones significativas durante los mandatos de Caputo y Sandleris, si bien el impulso principal había sido el de su antecesor. Un año después de ser eyectado de la presidencia del BCRA, Sturzenegger aparecía del otro lado del mostrador, como inversor y promotor de una fintech local.

En paralelo a la desregulación del crédito fintech, el Banco Central promovió el crecimiento de las plataformas de pagos. Se facilitó la prestación del servicio de pagos digitales y la inter-operabilidad para transferencias a través de la CVU (Clave Virtual Uniforme). Estas medidas van en la dirección correcta para facilitar operaciones y reducir los costos transaccionales, pero que no estaban acompañadas de una regulación a la protección de los usuarios y a la realización de actividades de intermediación.

La laxitud del BCRA en la era Macri generó una ventaja comparativa para Mercado Pago. La plataforma cuenta con el enorme volumen de negocio comercial de Mercado Libre, empresa dominante en comercio electrónico, lo cual la convierte en una "BigTech", un tipo específico de firmas que desarrollan complementariedad entre sus servicios de pago y de financiamiento y sus actividades comerciales de gran escala.

En todo el mundo los reguladores están poniendo la lupa sobre este tipo de empresas (Alibaba en China, Vodafone en India, Samsung Pay en Corea del Sur, Orange en Francia, Amazon en EEUU, entre otras), porque sus volúmenes de operaciones rápidamente pueden alcanzar dimensiones similares o mayores a las de las entidades bancaria, sin estar alcanzadas por los mismos requisitos de integración de capital y de mitigación del riesgo.

"Entendemos la necesidad de garantizar el dinero de los usuarios y en líneas generales la medida nos parece bien, aunque creemos que hay puntos mejorables", respondieron desde Mercado Libre a la consulta de Cenital. "En Argentina sólo la mitad de la población posee una cuenta bancaria. Esto pone al país en uno de los niveles más bajos de bancarización a nivel regional, generando atraso y desigualdad para las PyMEs y los usuarios".

Por otro lado, la nueva norma del BCRA avanza en la dirección de excluir a las fintech de la intermediación financiera. Frente a eso, Mercado Libre afirmó que los fondos de las billeteras virtuales no fueron utilizados directamente para financiar el otorgamiento de préstamos vía Mercado Crédito. Sin embargo, el marco regulatorio previo no descartaba la posibilidad de que los fondos de inversión que recibían saldos de las billeteras acabaran por invertir en deuda de fideicomisos que otorgaban créditos. Esa operatoria, ahora impedida explícitamente por el BCRA, habría cerrado el círculo de la intermediación financiera. El trato que regirá para estas empresas se asemeja al que reciben en Brasil, donde el 100% de los saldos tiene que encajarse en letras del Banco Central.

En definitiva, la nueva norma asegura la protección de los usuarios de plataformas de pago y pone un freno al crecimiento desregulado que venía exhibiendo este sector. Sin embargo, aún subsisten importantes agujeros regulatorios, en especial respecto del otorgamiento de créditos. Es probable que en poco tiempo esto se vaya modificando, a medida que mejore el monitoreo sobre las empresas y el Banco Central pueda analizar con más información el comportamiento del sector. La clave está en lograr el balance justo que permita al sector su proliferación, sin poner en riesgo a ahorristas ni al sistema financiero.