Claves urbanas del asesinato en Villa Gesell

Una mirada sobre las ciudades que viven del turismo.

Fernando Bercovich
25 de enero de 2020 14:01 hs
fernando@cenital.com  
@ferbercovich

El asesinato de Fernando Báez Sosa a manos de una manada de jóvenes jugadores de rugby en Villa Gesell puso en debate el rol del espacio público en el tratamiento de la noticia. Mientras que los eventos de violencia que se dan en espacios privados o "puertas adentro" generalmente no son de rápido escrutinio a través de medios de comunicación o redes sociales. Es probable que si el asesinato de Fernando no se hubiese dado en el espacio público perdería muchas de sus principales características.

Lo sucedido puso en evidencia que el espacio público se habita de manera desigual, sobre todo ante quienes buscan "ordenar" el mismo. Hay pocos lugares donde la pertenencia a una clase -o a cualquier grupo no dominante- se vea de manera tan nítida como cuando transitamos el espacio público de una ciudad. Es posible imaginar que si el asesinato hubiese sido perpetrado por chicos pobres la policía no hubiera tenido que ir a detenerlos a sus casas mientras dormían y hubiesen actuado en el momento.

El espacio público puede ser el lugar de la inclusión y la diversidad pero también donde se ejerce violencia como método de exclusión y, en este caso, de distinción. Así lo sostiene el investigador del CONICET y de la Universidad Nacional de La Plata Juan Branz en una nota publicada en Anfibia: "La necesidad de la exhibición es central. El ejercicio de ser vistos genera, en el mismo movimiento, la acumulación del capital simbólico ostentado dentro del rugby (y fuera, también) y el mecanismo de exclusión a todo lo que no se emparente con la legítima representación de un varón. Pero si requiere ser visto, necesita de voyeurs".

Las ciudades que viven mayoritariamente del turismo, y en particular del turismo joven y estacional, pasan la mayoría de los meses del año esperando que llegue la temporada para "tirar" el resto del año, lo que provoca que las autoridades públicas geselinas así como también empresarios ligados al turismo muchas veces intenten esconder lo que podría provocar una merma en el aluvión que llega cada verano. Según la mirada del autor de la novela Cámara Gesell, Guillermo Saccomanno, en este tipo de ciudades la falta de desarrollo de actividades económicas complementarias termina comoditizando el territorio y convirtiéndolo en un espacio que solamente sirve un par de meses al año y que sólo tiene algunos ganadores.

Una lucha contra la naturaleza

La desigualdad que plantea Saccomanno se puede rastrear de alguna manera en la génesis de Villa Gesell como ciudad balnearia, que se remonta a los años 30, cuando Carlos Gesell buscó plantar pinos en un territorio para nada preparado para ello con el fin de ahorrarse el costo de la madera que importaba desde el exterior para hacer cunas y muebles para bebés.

En su ?tesis de maestría, la socióloga dedicada al estudio de ciudades intermedias Lucía de Abrantes plantea que "el mito de origen de la ciudad de Villa Gesell se organiza en torno a (...) la lucha del hombre contra la naturaleza" ya que a don Gesell le llevó casi una década lograr hacer que los pinos crecieran en esa zona de la costa atlántica bonaerense.

Sin embargo, el proyecto original del fundador mutó rápidamente para transformarse en una proyecto inmobiliario y luego turístico. Tal como describe De Abrantes en su tesis, "con la forestación se inició un proceso de valorización de la tierra hasta ese entonces considerada improductiva. En ese movimiento, se produjo el pasaje del uso de la tierra (...) hacia un uso turístico e inmobiliario".

Según los testimonios que levanta la tesis, el perfil de Gesell como ciudad turística masiva se termina de delinear en la década del 60, cuando se estrena una película llamada Los inconstantes, de Rodolfo Kuhn, en la que tres jóvenes porteños viajan al incipiente balneario. La ciudad aparece como una meca del amor libre, el consumo de drogas y el rock. Esa publicidad parece sobrevivir hasta la actualidad.

Pero a partir de la muerte de su fundador, en los años 80, De Abrantes describe a Gesell como una ciudad "partida en dos". Entre 1970 y 2010, su población se quintuplicó y ese crecimiento dio lugar a una ciudad fragmentada, con una segregación socio-espacial que determina un desigual acceso a bienes y servicios urbanos. Y esa condición de ciudad fragmentada parece estar íntimamente relacionada con la condición de ciudad turística, algo que se hizo evidente a partir de la década del 90. "Con excepción de los grandes empresarios del turismo local o aquellos pocos comerciantes establecidos que tenían -y aún tienen- la capacidad de generar una renta extraordinaria durante la temporada, los trabajadores temporales no lograban acumular lo suficiente para subsistir todo el año", se describe en el escrito académico.

Juan Oviedo, otro escritor geselino citado en el trabajo, es aún más categórico: "El modelo de la ciudad turística sólo beneficia a unos pocos (...) las desigualdades son cada vez más grandes: están los dueños, los propietarios, por un lado, y la mano de obra, por el otro. La modalidad del balneario llena algunos bolsillos pero crea cada vez más pobreza. (...) Villa Gesell es un balneario rico y un pueblo pobre", concluye.