Inflación: un respiro ante tanta incertidumbre financiera

De acuerdo a la cifra difundida por el INDEC, los precios aumentaron 2,3% respecto al mes anterior, una suba menor a la que estimaban los analistas.

Este jueves el INDEC difundió la cifra de inflación de enero, que marcó una suba de los precios del 2,3% en relación al mes anterior. El dato fue recibido como una gratificante sorpresa, ya que si bien se esperaba una reducción, fue más marcada de lo previsto. El Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM), realizado por el Banco Central y que nuclea a las principales consultoras, mostraba que los analistas habían estimado una inflación en torno al 3,5% para el mismo mes.

Fueron varios los rubros que mostraron caídas respecto del mes anterior y que, de esa manera, contribuyeron a la desaceleración de los precios. El rubro Salud registró una variación negativa (2%), producto del acuerdo gubernamental con la industria farmacéutica para retrotraer precios a valores de diciembre.

Equipamiento y mantenimiento del hogar mostró una caída de 1,3%, aunque en este caso eso se explica fundamentalmente por una cuestión metodológica: dentro de este componente se incluyen las tareas domésticas, y como en diciembre se registró el pago del bono para trabajadores/as de casas particulares, eso implica comparar contra un valor excepcionalmente alto (y por ende el resultado es un valor más bajo, en este caso negativo). Claro está que, así como este efecto contribuyó positivamente a la baja en enero, para el mes anterior había generado el efecto (negativo) inverso. Algo similar sucedió en Vivienda, con el pago del bono al personal encargado del mantenimiento de edificios, aunque en este caso solo afectó a la región del Gran Buenos Aires.

Pero no fue todo positivo. Alimentos y Bebidas, el componente más importante por su impacto directo en el bolsillo de las personas, mostró un incremento bastante elevado de 4,7%, impulsado por las subas en Carnes, Lácteos e Infusiones.

Independientemente de lo que sucedió con los rubros, en líneas generales la menor inflación estuvo asociada con la estabilidad del tipo de cambio, la variable de mayor vínculo con los precios. El control cambiario permitió mantener prácticamente fijo el tipo de cambio en el último mes (aumentó 0,2%), que sumado al congelamiento de las tarifas de los servicios públicos fueron los factores claves para lograr la caída de la inflación.

Variación mensual del IPC y del tipo de cambio mayorista


Fuente: INDEC y BCRA

Nota: Se utiliza el tipo de cambio con una escala diferente para mostrar que las variaciones entre ambas variables se encuentran relacionadas, no tanto así el orden de magnitud.

Lo más importante de haber comenzado el año con un dato así es que sirve para influir en las expectativas de cara a la inflación de los próximos meses, tanto para las decisiones de fijación de precios de las empresas como para las discusiones paritarias que empiezan a abrirse. De mantenerse, esto podría generar una retroalimentación positiva que permita terminar con un nivel de inflación más bajo de lo esperado. En efecto, los datos del REM (publicados a principios de febrero) muestran que las consultoras ya habían comenzado a reducir sus proyecciones: mientras que para enero estimaron una inflación del 3,5%, para febrero la redujeron a 3,0%; lo mismo sucedió con la proyección para el 2020, que pasó de 42,3% a 41,7%.

Pero no todo es tan sencillo como parece. El hecho de mantener el tipo de cambio estable con una inflación que se redujo pero que todavía se mantiene por encima del 2%, implica que el tipo de cambio real se está apreciando a una velocidad considerable. Y como marcamos en una nota anterior, eso puede traer problemas. Por un lado, el abaratamiento del dólar oficial puede llevar a un incremento en la demanda de insumos y productos importados; y por otro, puede generar un incremento de la brecha en relación al tipo de cambio paralelo. Si dicha brecha se hace muy grande, puede tener un efecto contrario en las expectativas inflacionarias (ya que las empresas podrían pensar que esa brecha tarde o temprano se terminaría corrigiendo con el alza del tipo de cambio oficial). Aquí también podría tener algún rol la política de reducción de las tasas de interés, ya que impacta en las decisiones de ahorro de las personas, y entonces podría incentivar la demanda de dólares para ese fin, impulsando al alza el tipo de cambio paralelo.

Probablemente por este motivo, a partir de fines de enero se observó un cambio en el manejo de la política cambiaria por parte del Banco Central, que empezó a dejar que el valor del dólar vaya aumentando, aunque de manera controlada (algo que se conoce como "crawling peg"). Así, en lo que va de febrero, el tipo de cambio aumentó 1,7%.

Lamentablemente en economía todo tiene que ver con todo. La dificultad tras este cambio es que el incremento del tipo de cambio impacte en los precios. Para evitar esto, el Banco Central deberá buscar el equilibrio justo entre el manejo de la tasa de interés y el tipo de cambio que sea compatible con el comportamiento de los precios. Por eso es tan importante que se mantenga este incipiente proceso de desinflación, ya que permitiría equilibrar el tipo de cambio real y, al mismo tiempo, daría aire para seguir con el proceso de reducción de las tasas de interés, tan necesario para la reactivación de la actividad económica.