Albertina, la piedra basal

El Presidente inauguró las primeras sesiones legislativas de su gestión. Las promesas fundacionales de un gobierno que sigue naciendo.

Noelia Barral Grigera
2 de marzo de 2020 10:03 hs
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Alberto Fernández enumeró, a lo largo de su primera apertura de las sesiones legislativas como Presidente, los objetivos por los que deberá ser evaluada su gestión dentro de cuatro años. Fueron promesas fundacionales, que después de 80 días de gobierno empiezan a mostrar en el Presidente un estilo propio que se insinuó durante la campaña electoral.

A primera vista, esa impronta parece conjugar la fuerza de cambio que caracteriza a los gobiernos peronistas con el reclamo social y democrático de diálogo y consenso que Mauricio Macri quiso pero no pudo encarnar. Tal vez no exista una propuesta de gobierno más ambiciosa que esa: redistribuir, ampliar derechos, tocar privilegios y que nadie se enoje demasiado.

El camino que para el Presidente llevará a ese puerto es la solidaridad. "Hemos elegido a la solidaridad como viga maestra de la reconstrucción", dijo ante la Asamblea Legislativa. Resta ahora saber -aunque en gran parte ya lo sabemos- si los que deben practicar esa solidaridad están de acuerdo con la propuesta. Fernández los definió de manera taxativa. "Deben hacer el esfuerzo los que producen y los que exportan", convocó. En el nivel de resistencia que encuentre en esos sectores y en cuánto del poder del Estado use para conseguir de ellos lo que quiere se terminará de definir el perfil de su Presidencia.

¿Qué hará si, en los próximos días, las patronales agroexportadoras efectivizan su amenaza de un lockout en desacuerdo con la suba de las retenciones a la exportación de soja? ¿Qué hará con la información que encuentre el Banco Central respecto de la fuga del préstamo multimillonario del FMI al gobierno de Macri? ¿Qué hará si "los pícaros que especulan" con el precio de los alimentos siguen especulando? Su gobierno seguirá naciendo en cada uno de estos dilemas.

Sin decirlo, hay otro camino que explora Fernández: el de la ampliación de la base de sustentación política de su gobierno. La cantidad de agencias y consejos consultivos que anunció en su discurso para auditar o asesorar al Ejecutivo en las más diversas áreas (reforma del Poder Judicial, funcionamiento de la Corte y del Consejo de la Magistratura; el desarrollo productivo; el impacto de las políticas públicas) abrirán espacio para sumar voces que no fueron parte de la coalición electoral y que podrían acercar a otros espacios políticos al Frente de Todos. Parte de ese recorrido incluye la designación de Ricardo Alfonsín como embajador en España. Paradójicamente, el lugar que hubiera deseado quien insistentemente le reclamaba al gobierno anterior que sume a opositores para ampliar su base de sustentación: el ex presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó.

Puertas adentro, también la novel coalición hace camino al andar. No faltaron las miradas sorprendidas y suspicaces ante la módica cantidad de gente que acompañó la apertura de sesiones frente al Congreso. Las organizaciones sociales que integran el Gobierno se preocuparon por aclarar cuáles habían sido las más consonantes este domingo de tanto calor. El Movimiento Evita monopolizó la Plaza Congreso y destacó que sus militantes llegaron a la zona en transporte público. También se destacaron La Cámpora, Uocra, Upcn y los municipios de La Matanza y Hurlingham. Los organizadores calculaban unas 20 mil personas.

Pero, en cuanto al funcionamiento interno del gobierno, muchos destacaron -principalmente en redes sociales- la conversación entre el Presidente y su vice, Cristina Fernández de Kirchner, mientras posaban para la foto junto a un ejemplar de la Constitución Nacional. Quienes están convencidos de que esa sociedad política volverá a romperse -o que ya está rota- vieron en ese intercambio la confirmación de la pelea. La imagen, sin sonido ambiente, muestra a Cristina hablándole enfáticamente a Alberto y a él mirándola con algún grado de desconcierto. Pero no fue una pelea en Cadena Nacional. Ella le explicaba que cada vez que inaugure sesiones legislativas tendrá que hacer las mismas morisquetas: firma del libro de honor del Senado, firma del libro de honor de Diputados, foto junto a la Constitución Nacional. Siempre lo mismo.

Para la historia de la ampliación de derechos en la Argentina quedará el anuncio del envío, en diez días, del proyecto de ley para legalizar el aborto. La concreción de una promesa de campaña que no por esperada fue menos emocionante. Dos años después del fracaso de un proyecto en el mismo sentido en el Senado, el Poder Ejecutivo sumará su fuerza al impulso que la militancia feminista le dio al reclamo en las calles.

En el Gobierno, en los feminismos y hasta en las crónicas periodísticas internacionales, la sensación es que con esta combinación de fuerzas la ley saldrá sin problemas. Y aunque el optimismo es válido y tiene razón de ser, es necesario tener en cuenta que todavía falta el trámite legislativo y, particularmente, la reacción de los sectores conservadores que se oponen a la ley. La advertencia encierra la incógnita sobre cuál será el final de la historia. Y vale para cada uno de los anuncios del Presidente en la Asamblea Legislativa: las negras también juegan.