Algo para todos

El Presidente leyó un discurso pragmático. Se lució en la agenda de género e institucional. Hubo menos precisiones en materia económica.

Juan Negri
2 de marzo de 2020 10:03 hs
 
@jjnegri4

Los discursos de inicio del período legislativo consisten en dos grandes narrativas. En primer lugar, un balance de gestión hasta ese momento. En segundo lugar, las propuestas para el año que se inicia. El presidente Alberto Fernández asumió hace apenas tres meses, por ende, no tiene mucho que decir en relación al balance de gestión. Su discurso fue básicamente la oportunidad de poder saber qué aspira Alberto de su propio gobierno.

Fiel a su estilo moderado, el Presidente leyó con algunas dificultades un discurso pragmático, respetuoso y poco tribunero. Hubo críticas a la herencia pero en un tono más pedagógico que de diatriba. Se lució especialmente en la agenda de género y en la institucional. Se mostró menos preciso y ambicioso en el plano económico. Haciendo gala de su virtud de componedor y negociador, hubo algo para todos. Incluso para (parte de) la oposición: las citas a Alfonsín y algunas propuestas fueron música para oídos radicales.

La cuestión más emocionante y que posiblemente se lleve la atención en los próximos meses es el proyecto de legalización de la interrupción voluntaria del embarazo. A juzgar por la efervescencia legislativa del 2018, es posible que el proyecto sea la estrella del año parlamentario. A diferencia del estilo prescindente con el que Macri "dio el debate", en esta oportunidad hay un proyecto presidencial en el que la voluntad política parece ser muchísimo mayor. Los pañuelos verdes tienen motivos para festejar.

En la agenda institucional también se destacó el proyecto de reforma judicial, donde planteó diferencias fundamentales con lo que viene siendo la práctica habitual de Comodoro Py de prisiones preventivas y operaciones políticas. Aunque importante, no sorprendió: el gobierno ya había deslizado que este sería un punto central. Más sorpresivo fue el énfasis del Presidente en la cuestión de la reforma administrativa. En particular, los anuncios acerca del relanzamiento del cuerpo de administradores gubernamentales y el acento en la necesidad de la evaluación de impacto en la elaboración y evaluación de las políticas públicas son excelentes noticias. La Argentina posee un déficit estructural en sus capacidades estatales, que son fundamentales para el desarrollo a largo plazo. La tarea no es sencilla: hay mucho por hacer. Que el tema esté en la cabeza presidencial es un buen comienzo.

En la gestión de la economía el Presidente fue mucho más ambiguo y algo maniqueo. En la cuestión de la deuda, principal preocupación hasta aquí del gobierno, no se apartó de lo que vimos hasta ahora: planteó la necesidad de acuerdo razonable y ni amagó en sugerir un default. En relación a la inflación, Fernández hizo mucho más énfasis en los aspectos sociales de la misma y en el enfrentamiento a los formadores de precios, antes que en las causas macroeconómicas del problema. Así, se refirió a la "remarcación", a los "abusos" o la "responsabilidad social" pero no hizo mención al déficit fiscal. No hubo mención a ningún plan antiinflacionario concreto para poner fin al flagelo, tan solo las "herramientas legales". Y aunque anunció la creación del Consejo Social para el Desarrollo, no hizo referencias a problemas estructurales de nuestra economía como la baja capacidad exportadora, la insuficiente innovación o la baja productividad.

Hubo también omisiones. La agenda internacional estuvo casi ausente. Hubo propuestas en relación al tema Malvinas, pero sin tono belicoso. Las referencias al Mercosur fueron escasas y generales. Y no hubo mención alguna a la cuestión venezolana ni a la situación en Bolivia, posiblemente los dos asuntos regionales más delicados. No hubo mención a un nuevo posicionamiento "nacional y popular" en materia de política exterior.

Está claro que los anuncios no son resultados concretos. En un discurso no hay tiempo para los detalles sobre la implementación o para las dudas sobre si los proyectos conseguirán aprobación. Todo esto está por verse. Ahora es el turno de la política.

Juan Negri es profesor de Ciencia Política en la Universidad de San Martín (UNSAM) y en la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT).